te miran, te rozan, te susurran
pero no te tocan.
Alarga tu mano, tal vez puedas tocar a Dios,
el te mira te observa y calla,
no dice nada, no comenta nada,
simplemente está-
Tú giras la mirada y encuentras oscuridad,
oscuridad acechante, oscuridad demoledora,
que te embauca, se hipnotiza,
te hechiza y te atrae.
Él lo entiende, ¿Cómo no lo va a entender?
Solo busca lo mismo que los demás,
pero mira desde un ángulo diferente,
sin luz tampoco, pero la oscuridad es menos oscura,
los susurros son más claros
y nada es tan confuso como aquello que te persigue.
Ellos son los otros, ellos no lo entienden
y les gusta susurrar en la oscuridad.
Tú eres la luz del mediodía,
eres la luz del amanecer y la del ocaso,
la de Sorolla y la de Valencia,
ellos son simplemente
susurros en la oscuridad
